domingo, 31 de maio de 2009

A Queimada De Lêdo Ivo


"Queime tudo o que puder : as cartas de amor as contas telefônicas
o rol de roupas sujasas escrituras e certidõesas inconfidências dos confrades ressentidosa confissão interrompida
o poema erótico que ratifica a impotência e anuncia a arteriosclerose
os recortes antigos e as fotografias amareladas.

Não deixe aos herdeiros esfaimadosnenhuma herança de papel.
Seja como os lobos :
more num covile só mostre à canalha das ruas os seus dentes afiados.
Viva e morra fechado como um caracol.
Diga sempre não à escória eletrônica.
Destrua os poemas inacabados,os rascunhos,as variantes e os fragmentos
que provocam o orgasmo tardio dos filólogos e escoliastas.
Não deixe aos catadores do lixo literário nenhuma migalha.
Não confie a ninguém o seu segredo.A verdade não pode ser dita".


Que me deixem Passar



" Eis o que peço
diante da porta ou diante do caminho.
E que ninguém me siga na passagem.
Não tenho companheiros de viagem
nem quero que ninguém fique ao meu lado.
Para passar,exijo estar sozinho,
somente de mim mesmo acompanhado.
Mas caso me proíbam de passar
por seu eu diferente ou indesejado
mesmo assim eu passarei.
Inventarei a porta e o caminho
e passarei sozinho".


As marcas de Infância de Maceió



"Na tarde de domingo,volto ao cemitério velho de Maceió
onde os meus mortos jamais terminam de morrer
de suas mortes tuberculosas e cancerosas
que atravessam as maresias e as constelações
com as suas tosses e gemidos e imprecações
e escarros escurose em silêncio os intimo a voltar a esta vida
em que desde a infância eles viviam lentamente
com a amargura dos dias longos colada às suas existências
monótonas. (...) Digo aos meus mortos :
Levantai-vos,voltai a este dia inacabado
que precisa de vós,de vossa tosse persistente e de vossos gestos enfada
dose de vossos passos nas ruas tortas de Maceió.
Retornai aos sonhos insípidose às janelas abertas sobre o mormaço.
Na tarde de domingo,entre os mausoléus
que parecem suspensos pelo ventono mar azul
o silêncio dos mortos me diz que eles não voltarão.
Não adianta chamá-los.
No lugar em que estão,não há retorno
Apenas nomes em lápides.
Apenas nomes.
E o barulho do mar".
AQUÍ ESTOY, A LA ESPERA DEL SILENCIO.

Ante el astillero podrido,
sólo vislumbro la astilla
que sobró de las iluminaciones
.……………………………
Mis ojos fatigados siguen la canoa
que se aleja de los manglares.
Una luz en la restinga.
Un cangrejo en el lodo.
Y la vida se evapora como las almasen
el cielo que no guarda ningún dios.
La eternidad pasa como el viento.
Sólo el tiempo es eterno.
Siempre estuve aquí
en medio de mi pueblo diezmado,
y mis manos prepararon más allá
de las dunasla dorada hoguera antropofágica
del asombroso festín.
Una noche de cenizassucede ahora al clamor y a la alegría.
El mar apaga todos los naufragiosy todo fuego se extingue,
todo fuego dorado.

Maceió, en el nordestino estado de Alagoas –uno de los sitios del Brasil del cual, según Lêdo Ivo, la gente menos emigra–, tiene en su poesía un doble significado de “lugar de permanencia y de evasión”. Como dice en Confissões, “los que quisieran partir tienen siempre, a sus disposición, los barcos y el viento del mar”. El mar es “emblema del viaje y de la aventura.” “Arriba y más allá de la calidad solar y de la luz del faro, en un territorio intocable, Maceió es, al mismo tiempo, puerto y puerta, permanencia y travesía, lugar de partida y de llegada, silencio y melodía (40-41).
De muy joven, el poeta se trasladó a Recife, de allí a Río de Janeiro, y fue siempre un viajero vocacional. De allí que en su poesía resuenen los nombres de ciudades lejanas –Londres, París, Ámsterdam, Bruselas Roma, Lisboa, Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, Nueva Orleans… Y en todas ellas el poeta vive sus aventuras interiores, que también lo crean y recrean. En Réquiem, las partidas celebradas son el símbolo de otra partida, que a la vez interroga por una llegada imposible:


Siempre amé lo que pasa: los taxis ocupados,
los pitos de los trenes,
las nubes desgarradasy las hojas arrastradas por el viento.
El granizo fustiga las pirámides de la muerte,

la puerta del burdel estalla en el bochorno.
Un poniente amarillo rodea el astillero
.…………………………………………
Y siempre amé el amor,
que es como las alcachofas,algo que se deshoja,
algo que esconde un verde corazón indeshojable
.………………………………………
Siempre amé escuchar los rumores del mundo:
el zumbido dorado de la abeja en el estiércol,
el día estrepitoso y el viento vagabundo.
Los barcos pitan.

Es hora de partir.
Toda puerta cerrada es un puerto pronto a ser abierto
por el viento triunfante que desgarra el océano.



Poeta Lêdo Ivo




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